Leyendas pediátricas: este niño siempre está pidiendo agua. Seguro es porque tiene diabetes

“Juan, mi niño todo el tiempo pide agua y me estoy preocupando porque me dicen que podría ser diabético. Y como en la familia hay diabetes…”
Palabra más, palabra menos, es una inquietud que se consulta con cierta frecuencia.

La diabetes mellitus aparece como consecuencia de una alteración del metabolismo de los carbohidratos producida por un déficit en la producción y/o utilización de la insulina, que es una hormona producida en unas zonas concretas del páncreas (islotes pancreáticos). Hay que diferenciar dos tipos principales:
Diabetes tipo 1: no hay insulina o ésta se produce en cantidades insuficientes, a consecuencia de algún daño en las células de los islotes del páncreas. Se trata de personas con predisposición genética para padecerla y se piensa que entre los factores desencadenantes está algún virus que al infectar a esas personas, provoca una respuesta autoinmune que destruye a las células de los islotes del páncreas. Este tipo es el que afecta con más frecuencia a los niños, adolescentes y adultos jóvenes. Su forma de presentación típica (no necesariamente siempre) consiste en cuatro síntomas sugestivos que explicaré más abajo, aunque en ocasiones puede debutar de forma bastante aparatosa: vómitos intensos, deshidratación, mal estado general. No se suele heredar y su tratamiento actual, a la espera de nuevas opciones, es a base de inyectarse insulina de por vida, de manera que se mantenga un adecuado nivel de glucosa en la sangre evitando la aparición de síntomas y complicaciones.
Diabetes tipo 2: el páncreas produce insulina en cantidades normales o incluso por encima de lo normal, pero existe una alteración en los tejidos que deben “responder” a la insulina absorbiendo y utilizando la glucosa. Es típica de adultos por encima de 45-50 años, se asocia a sobrepeso-obesidad, pueden pasar meses o años sin síntomas hasta que se descubra de forma casual mediante una analítica o de la cara por medio de alguna complicación (renal, ocular, vasos sanguíneos…). Su tratamiento fundamental es la dieta, mantener un peso adecuado, uso de pastillas (anti diabéticos orales) y en algún caso también insulina inyectada.

¿Qué es lo que ocurre en la diabetes?

Como escribí antes, el problema fundamental es que existe una limitación para el uso de la glucosa en las células, ya sea porque la producción de insulina en el páncreas es escasa (diabetes tipo 1) o porque los tejidos encargados de metabolizar la glucosa no responden a la insulina (resistencia a la insulina – diabetes tipo 2).

Esto significa que gran parte de la glucosa que ingerimos a partir de los hidratos de carbono se acumula en el torrente sanguíneo, ya que no puede entrar a las células donde se utiliza como combustible (sistema nervioso central, músculo…). Cuando se supera un determinado nivel de glucosa en la sangre, el excedente es filtrado en el riñón y se elimina a través de la orina. Esta glucosa filtrada en el riñón necesita disolverse en más cantidad de agua, por lo que se produce una orina rica en glucosa y con mucho volumen, es decir, se orina mucha cantidad y muchas veces (es lo que se llama poliuria).

Si se orina mucha cantidad, entonces se pierden líquidos. Al perderse un exceso de líquidos se pone en marcha el principal mecanismo de regulación, que es la sed. El niño necesita beber abundante agua para compensar esa pérdida por la orina (esto se denomina polidipsia).

La glucosa es el principal combustible celular pero si no puede entrar a las células, se necesitará comer mucho más porque en la práctica nuestro cuerpo no está recibiendo el combustible que necesita (esto sería la polifagia).

Por último, por mucho que comas, nuestro cuerpo no consigue utilizar a la glucosa como lo que debería ser: su principal fuente de energía. Los mecanismos de regulación metabólica entonces pondrán en marcha otros procesos a partir de los cuales obtener esa energía que se necesita: principalmente la degradación de los depósitos de grasa y proteínas para fabricar ese combustible. Por lo tanto, se pierde peso a pesar de comer más de lo normal. Aparte de la pérdida de peso, el niño se encuentra cansado y decaído a pesar de comer más.

Concluyendo

Es cierto que la sed o el beber mucha agua (polidipsia) es un síntoma que puede presentar un paciente con diabetes. Pero por lo explicado anteriormente, queda claro que es tan solo uno más dentro de un grupo de síntomas sugestivos de diabetes: 1) orinar mucho; 2) beber mucha agua; 3) comer mucho; 4) perder peso. El simple hecho aislado de “beber mucha agua” no supone ser diabético. Habría que preguntarse también cuánto se considera beber mucha agua. En los adultos se habla de una cantidad recomendada de aproximadamente 2 litros al día. En los niños serían cantidades proporcionalmente menores, pero no hay que obsesionarse midiendo el volumen del líquido ingerido. En cualquier niño con este conjunto de síntomas es recomendable hacer una determinación de glucosa en la sangre y en la orina.

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